domingo, 6 de octubre de 2013

Blanchett, la flor más bella


Hasta la semana pasada todo parecía claro en el horizonte de Woody Allen. El pequeño gran genio neoyorquino no dejaba de recibir buenas noticias por su más reciente trabajo como director: Blue Jasmine tuvo el mejor arranque de 2013 para el circuito de cine arte en la taquilla norteamericana, logró allí cifras de exhibición jamás alcanzada en toda su carrera (la película llegó a exhibirse simultáneamente en 1300 pantallas), acaba de batir el récord histórico de toda su filmografía en el Reino Unido y le llueven augurios de nominaciones al Oscar.
De nuevo profeta ante el público de su propia tierra (tan indiferente y casi esquivo a su obra en los últimos años), Allen también recuperó el favor de los críticos, que recibieron en su mayoría a Blue Jasmine como la mejor película del director en muchísimo tiempo. Pero el eje de la atención se corrió desde que en las páginas de Vanity Fair Mia Farrow insinuó que el único hijo biológico que tuvo con Allen haya sido "posiblemente" fruto de su vínculo con Frank Sinatra.
Todo Hollywood se sacudió a partir de esa revelación, sobre todo porque la pareja Allen-Farrow vive (junta o separada) bajo el signo del escándalo desde que se rompió tras conocerse el romance del director con una de las hijas adoptivas de la actriz, Soon Yi (los dos viven juntos desde 1992). Ahora el protagonista es Ronan Farrow, de 25 años, periodista y asesor de la administración Obama, que encaró el tema con una sonrisa. "Todos somos "posiblemente" hijos de Frank Sinatra", escribió en su cuenta de Twitter.
Allen sólo habló a través de un representante. "El artículo de Vanity Fair es tan ficticia y extravagantemente absurdo que ni siquiera justifica un comentario", señaló. Y para la viuda de Sinatra, Barbara Marx,no es más que "un montón de basura".
Quienes no pronunciaron palabra son los ejecutivos de Sony Classics, distribuidora de Blue Jasmine en Estados Unidos y encargada de llevar adelante la campaña promocional que busca darle a la película un próximo brillo de Oscar. En la Argentina, el estreno (a cargo de la distribuidora Energía) se anuncia para el próximo jueves. Desde ese momento el público local, tan fervoroso y consecuente con Allen desde hace décadas, comprobará cuán fundamentadas están esas aspiraciones.
¿De qué se habla? De posibles candidaturas como mejor director, mejor vestuario y mejor guión original. En este último rubro Allen tiene el récord histórico de candidaturas (15) y tres éxitos: Annie Hall, dos extraños amantes (1978), Hannah y sus hermanas (1987) y Medianoche en París (2011).
Pero los elogios y los mejores augurios se dirigen en forma unánime a la protagonista de Blue Jasmine . Desde la crítica más exigente no se escatimaron elogios para Cate Blanchett, para muchos insuperable en la piel de una mujer de Park Avenue que disfruta a pleno del dinero y de una opulenta vida social hasta que las estafas y defraudaciones de su esposo (Alec Baldwin) quedan al descubierto y ella, sin otro patrimonio que un costoso vestuario cargado en cuatro valijas Louis Vuitton, se ve obligada a moverse de Nueva York a San Francisco e iniciar otra vida allí junto con su hermana (Sally Hawking) en otro entorno social.
"Esta película es la cumbre de mi carrera en el cine y en el teatro. Fue una gran experiencia y me gustaría repetirla", comentó Blanchett, que sólo necesitó un par de conversaciones telefónicas con Allen para aceptar el papel. En la primera, que duró dos minutos y medio, Allen la llamó para ofrecerle el guión. La segunda fue mucho más corta y terminó con un contundente sí de la actriz australiana.
"Woody está fascinado por las mujeres. Las adora. Está enamorado de sus excentricidades, de sus emociones, de su forma de pensar, de su psicología, y en ocasiones extremas, también de cuán pintorescas podrían llegar a ser", señaló Blanchett en declaraciones recogidas por el diario español El País. Allí se cuenta que la idea del guión surgió de una charla entre Allen y Soon Yi, que le narró la historia de una mujer conocida que atravesaba la problemática situación que vive el personaje de Blanchett. Al ver la película ya terminada, muchos pensaron en el caso de Ruth Madoff, la esposa de Bernard Madoff, responsable de uno de los fraudes financieros más resonantes y escandalosos de la historia.

REFERENCIAS

Más allá de cualquier connotación real, lo que queda claro es que Blue Jasmine surge como una de las películas más amargas y cuestionadoras de toda la filmografía de Allen, que remite a títulos como Crímenes y pecados y, sobre todo, Maridos y esposas . "Es cierto, Blue Jasmine es mucho más seria que otras, pero la verdad es que nadie me toma en serio", insistió Allen ante El País. Precisamente por eso dijo que prefería limitarse a dirigirla ("Si el protagonista hubiese sido yo, el personaje habría resultado demasiado cómico") y a dejar todo el espacio posible para el lucimiento de Blanchett, una de esas contadas y privilegiadas actrices frente a las cuales un director, según Allen, "lo único que puede hacer es apartarse del medio".
A Blanchett se la disfruta por lo que hace, por lo que dice y también por lo que muestra. En el final de una conversación con The New York Times, la vestuarista Suzy Bensinger (por quinta vez trabaja en un film de Woody Allen) comentó: "Uno de los iluminadores se acercó y me dijo que jamás en su vida había visto a una mujer tan hermosa como ella". En ese momento lucía un vestido de Carolina Herrera. uno de los muchos nombres famosos (ropa de Chanel, Oscar de la Renta, Fendi, Marc Jacobs, carteras de Hermès y Birkin, zapatos de Roger Vivendi) que engalanaron cada aparición rutilante de la estrella.
Antes del estreno de Blue Jasmine en el hemisferio norte, Blanchett confesó que Allen le había encomendado encargarse personalmente de estas cuestiones, que resultan decisivas en el perfil y la construcción del personaje. "Woody no se preocupa por el aspecto estético. Hace 20 años que anda todos los días con el mismo pantalón y la misma camisa de Ralph Lauren", señaló. Ella y la vestuarista Bensinger debieron arreglárselas para no superar en estos asuntos el límite de 35.000 dólares impuesto por un rígido presupuesto.
 
Cate Blanchett y Alden Eirenreich reciben sugerencias de Allen antes de rodar una toma. Foto: Energía
 
Desde ese cuidado en los gastos es posible apreciar con más claridad lo bien que le va a Blue Jasmine en términos económicos. Con gastos de producción que no superaron los 15 millones de dólares, el film lleva recaudado el doble de esa cifra sólo en el mercado estadounidense. Nada mal para alguien que sólo había filmado una película en su país durante los últimos ocho años (Que la cosa funcione) y prefirió durante todo ese lapso pasear a su mundo de personajes obsesivos y neuróticos por distintas capitales europeas: Londres, París, Barcelona, Roma.
En cuestiones de mundo, sólo parece que encontrará una respuesta esquiva en la India. Antes del estreno decidió retirar el film de ese mercado porque las normas oficiales exigen que cada vez que se ve en la pantalla a un personaje fumando debe aparecer una leyenda en la que se advierte al público de los riesgos que provoca el consumo de tabaco. Lo mismo ocurre antes y después de cada proyección.
Mientras tanto, la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood eligió a Allen como destinatario del premio anual a la trayectoria que lleva el nombre de Cecil B. de Mille y que se entregará en la ceremonia de los Globo de Oro 2014 el próximo 12 de enero. Y es muy posible que ese día, en el comienzo formal de la gran temporada de premios de Hollywood, Blue Jasmine también empiece a cosechar galardones. Quienes quieren a Woody Allen esperan que en ese momento el horizonte vuelva a ser claro, lejos de los cotilleos y las murmuraciones de los últimos días.

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