domingo, 30 de diciembre de 2012

Ley de medios: ¿una torpeza, más que una maldad?


En 1804 a Napoleón, que estaba por ser coronado emperador de los franceses, le molestaba la presión que ejercía en las fronteras un conjunto de exiliados cuya pretensión era restaurar la dinastía de los Borbones. Creyendo que podría cortar de cuajo esta conspiración monárquica mediante una medida ejemplificadora, el emperador hizo detener y fusilar en la frontera al joven duque de Enghien, un miembro encumbrado de la nobleza. Talleyrand, el astuto canciller de Napoleón, se opuso a la cruel decisión de su jefe, pero no porque fuera un crimen -que, por cierto, lo era sino porque, en su opinión, "más que un crimen era una torpeza" . La escala de valores de los políticos como Talleyrand no coincide con la escala de valores de los moralistas. Éstos procuran, en el fondo, salvar el alma; a aquellos les importa, por lo pronto, salvar el poder. Talleyrand vio a lo lejos que el crimen de Enghien aislaría aún más a Napoleón de las monarquías europeas que lo rodeaban y que promovería el círculo hostil de las naciones que al fin lo vencerían, años más tarde, en Waterloo. Perón solía decir que lo peor, en política, es el "bruto activo" y no el inescrupuloso o el cínico que quizá sea, al mismo tiempo, un descarnado realista.
El Gobierno, que concentra hoy la artillería de su ley de medios contra el Grupo Clarín en particular, y contra el periodismo independiente en general, bajo el pretexto engañoso de que busca promover la libertad de prensa en vez de ahogarla que es su verdadera intención pero corresponderá a los jueces condenar este claro intento de violación de los derechos ciudadanos como, por otra parte, ya lo están haciendo. Lo que aquí nos proponemos, en cambio, es analizar si la ley de medios será eficaz para el propio Gobierno , si lo suyo, aparte de ser un "crimen" moral y jurídico que están por condenar los tribunales y ya condena la opinión pública, es además una "torpeza" que le traerá consecuencias reñidas con su propia ambición de poder.
La tesis de que Cristina está trabajando en el fondo contra ella misma se apoya en el hecho de que aún no ha entendido cómo operan los medios. En 2008 y en 2009, ella no comprendió por qué se le dieron vuelta los medios, y en especial el Grupo Clarín. Su análisis fue que, a partir de 2008, en la batalla contra el campo y a partir de la derrota electoral en las elecciones parlamentarias del año siguiente, Clarín no coincidió con ella. Esto es verdad. Pero la secuencia de los acontecimientos fue inversa a la que supone la Presidenta. No es que Clarín se dio vuelta y que, al hacerlo, dio vuelta a la opinión, sino al contrario, que al cambiar la opinión pública, diversos medios reflejaron el cambio.
Quienquiera que conozca de cerca la evolución política de los medios sabe que sus contenidos se componen de dos partes. La primera de ellas corresponde a sus principios. La segunda de ellas es en cierto modo variable, porque corresponde a las circunstancias. Hay, por supuesto, contenidos fundamentales y contenidos variables. Según sea la naturaleza de cada publicación, tendrá un porcentaje mayor o menor de contenidos fundamentales y de contenidos variables. Fuera de este esquema actúan las publicaciones mercenarias, que aquí no tomaremos en cuenta. En la interpretación hostil de la Presidenta, empero, todas las publicaciones son más menos mercenarias porque responden a las "corporaciones" y ninguna de ellas tiene que ver con las "convicciones".
Éste es su error capital. De él proviene otro error esta vez práctico: que la puja entre el Gobierno y el periodismo que hoy se le opone es sólo una puja entre el Estado y las corporaciones. Esta visión mutila parte de la realidad, porque si bien sería exagerado suponer que el periodismo es una raza de santos cuando en realidad alberga, como en todas las profesiones, a seres más o menos imperfectos, aún así su misión es noble porque apunta a contener, mediante la información y la crítica independientes, los abusos del poder. Como dijo con palabras imborrables lord Acton, "el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente". El periodismo libre es, en suma, uncontrapoder , sin el cual naufragaría la libertad de los ciudadanos en medio de la omnipresencia del Estado. Pero esto no quiere decir que el periodismo libre sea infalible. Como todos los seres humanos, los periodistas somos falibles. El hombre es un ser "errante". Es cuando yerra que puede aprender. Cuando reconoce su error, progresa. Es más, nuestro principal capital es la suma de nuestros errores en la medida en que, al darnos cuenta, los reconozcamos. El valor más alto no es para un periodista la infalibilidad, inalcanzable, sino la honestidad intelectual , que consiste en no saber lo que va a decir antes de decirlo.
Quizás el error de la Presidenta ha sido albergar una aspiración imposible: obtener todo el poder por todo el tiempo, incluida la re-reelección. Esta pretensión utópica la ha llevado a simplificar sus opciones, reduciéndolas a una apuesta a todo o nada. No hay nadie al lado de ella. A ella se la escucha. Ella no escucha. No sólo no reconoce colaboradores con voz propia como fue en su momento Roberto Lavagna. No tiene pares ni reconoce sucesores. Está sola. Esta actitud "imperial" la acerca a una visión "maniquea" de la política y la historia. Todo el bien está de un lado. Todo el mal está del otro. La pregunta que debe hacerse entonces un observador imparcial es la siguiente: ¿hasta cuándo podrá durar esta desmesura? ¿Es que nada valioso ocurrió en la Argentina antes de 2003?
Lo más notable es que diversos indicios parecen apoyar la desmesura. Los opositores, con su dispersión y su ausencia de ideas, parecen sostener por omisión el Unicato de Cristina. La única valla que se le opone es la declaración de los legisladores de la oposición en el sentido de que no apoyarán una reforma constitucional para imponer su reelección indefinida en 2015. Por otra parte, en ningún lado aparece la fuerza efectiva que podría reemplazarla. Han desaparecido como por encanto los "destituyentes" que supuestamente buscaban desplazarla y que abundaron en situaciones anteriores mientras ella, en sus discursos, ataca sin cesar y sin nombrarlos a los que se atreverían a oponerse desde las sombras.
¿Quiénes son ellos? ¿Por dónde asoma ese componente vital de las repúblicas que es laalternancia ? ¿De dónde podrá venir la renovación? De un lado, hace años que no experimentábamos una ausencia de alternativas tan marcada como la de hoy. Del otro, apoyada en su Unicato, la Presidenta emprende un camino solitario que parece apuntar a la "Cristina eterna" anticipada por la diputada Diana Conti, con la adhesión ferviente de un grupo de incondicionales de La Cámpora a la cabeza.
Mientras tanto, el país espera. ¿Qué espera? ¿Un horizonte republicano "normal"? Es el que tienen países vecinos como Brasil, Chile o Uruguay. Pero a nosotros nos faltan dos condiciones que en ellos se dan. La primera es que no hay en ellos jefes de Estado potencialmente "eternos". La segunda, que existe una oposición en ciernes capaz de asegurar la alternancia. Con una presidenta pretenciosa de Unicato y sin que nadie se atreva a desafiarla desde la oposición, ¿qué luz alumbrará el destino argentino? Se nos dirá que es demasiado pronto para dibujar el rostro de 2015. Esto es verdad respecto de los nombres de los candidatos, pero no lo es respecto de lasreglas a las que tendrán que sujetarse. Hoy por hoy, no hay nombres, pero tampoco hay reglas .Hablamos todo el tiempo de nuestro pasado. Nuestro futuro sigue en silencio.

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