sábado, 30 de marzo de 2013


Mario Poli: "Yo soy pastor y no político; no soy Bergoglio en eso"





El futuro arzobispo reafirma la importancia de la tarea pastoral y reclama un diálogo que permita oír la voz de la Iglesia.
SANTA ROSA.- Monseñor Mario Poli es capellán nacional de los Boy Scouts , asociación que integra desde que tenía cinco años. De ahí que, ante la propuesta de su amigo el papa Francisco, de ser su sucesor al frente del arzobispado porteño, su respuesta fue la clásica de un buen scout , la de estar "siempre listo". Consciente de que llegará a Buenos Aires en un año electoral, anticipa que buscará que la voz de la Iglesia sea escuchada por los políticos no sólo en los tedeum, sino también en otros espacios. El jueves por la noche, tras hacer una convocatoria al diálogo y marcar cómo será su relación con el Gobierno, accedió a dialogar con RMN.
-¿Cómo recibió su designación como arzobispo porteño?
-Me sorprendió y me causó perplejidad. Se ve que el Papa se levantó una mañana y se le cruzó que sea arzobispo de Buenos Aires. Esto no estaba en mis planes, de ninguna manera. Pero estoy dispuesto a lo que sea. Soy scout desde los cinco años, y estoy siempre listo. Esto me supone un renunciamiento, pero tengo presente el renunciamiento de Benedicto, que para mí fue virtuoso y ejemplar, insólito y casi único en la vida de la Iglesia. Un hombre que tiene todas las luces, tan capaz, cuyo magisterio es muy luminoso, un teólogo de primerísima línea que ha dejado inspiración en la Iglesia. Y ahora él [por Bergoglio] les dijo que sí a los cardenales cuando no estaba en sus planes ser Papa. Yo lo conozco muy bien, no tiene aspiraciones. Entonces, no tengo razones para decir que no. ¿Qué voy a decir yo, que me gusta mucho La Pampa?
-¿Con qué expectativas asumirá esta responsabilidad?
-Nada particular porque, en realidad, en todas las diócesis estamos embarcados en lo que se nos ha indicado en la reunión de Aparecida. Se trata de la misión, la evangelización, el salir teniendo presente las tres notas del estilo pastoral que él nos dejó y que los obispos la han tomado: la cercanía, la alegría de la fe y el entusiasmo. No tengo expectativas ni tengo un plan pastoral. El plan ya está hecho. Nosotros tenemos que seguir la misión continental. El modelo que tengo es el de obispos caminantes.
-¿Cómo quiénes?
-Como el santo de todos los obispos de América latina, santo Toribio de Mogrovejo.
-Entonces, su plan es caminar la ciudad.
-Sí, hasta que me den las piernas.
-¿Seguirá usando la bicicleta en Buenos Aires?
-Desde chico me gusta mucho andar en bicicleta. Cuando estaba en Buenos Aires, tenía un poco de cuidado porque tenía miedo de que me lleven puesto, pero voy a ver cómo hago. Los seis años que estuve en Buenos Aires anduve en subte y tren. Y Bergoglio ha sido ejemplar en eso. Pero ha sido austero sin trompetear. Ahora aparecen en primera plana muchas actitudes suyas que él hacía habitualmente con mucha sencillez.
-La gente en Santa Rosa dice que usted es igual.
-No, bueno, la gente ahora empieza como a delirar.
-Pero hay hechos objetivos de un mismo estilo de vida.
-Después de un ejemplo tan grande, teniéndolo a él como Papa, que marca una línea de austeridad...
-¿Es cierto que, además de haber sido su obispo auxiliar, Bergoglio y usted son amigos?
-Tuve la gracia de estar al lado de monseñor Bergoglio, junto con otros siete obispos auxiliares de Buenos Aires. Él dispensa su amistad a muchos, es muy generoso. Tiene un millón de amigos el Papa. La nuestra no es una amistad exclusiva y excluyente. Entiendo que hay gente mucho más cercana. Hace unos días, recordaba que Aristóteles decía que la amistad se da entre semejantes. Bueno, él salvó las desemejanzas y ofreció su amistad muy generosamente. Él no retenía a sus auxiliares. Decía: "Quiero que vayan y sean pastores".
-Llega a la Capital en un año electoral.
-Bueno, pero yo soy pastor y no político. Yo no soy Bergoglio en eso. Hay un principio en la encíclicaGaudium et S pes que me gusta mucho. Es el que dice que con el Estado la Iglesia se relaciona con colaboración y también distinción, las dos cosas. No tenemos que oponernos por oponernos, pero también tenemos nuestro carácter profético. Es decir, dar el anuncio profético si se dan las circunstancias y es necesario porque, como dice Jesús en el Evangelio: "Si ustedes callan, hablarán las piedras".
-¿En qué quiso diferenciarse al decir que usted no es Bergoglio, en su habilidad política?
-Bergoglio no dejó de ser pastor en ningún momento. Me referí a que tiene un temperamento distinto, tiene más experiencia y está mucho mejor preparado que yo; fue profesor de literatura y escribe muy bien, sus homilías son cautivantes. Somos distintos. No quiero ponerme en sus zapatos; todo me parece que me queda grande, pero confío en Dios.
-¿Promueve una mayor intervención pública de la Iglesia?
-Me gustaría que haya también otros medios y no solamente la homilía de los tedeum porque a veces se ha concentrado un poco el interés ahí. Creo que hay que participar y entrar en un diálogo en la medida que se pueda, y hacer sentir nuestra voz. Creo que los pastores no tenemos que perder el contacto con la gente. Y aquí recojo lo que decía monseñor Angelelli: "El sacerdote tiene que tener un oído en Dios y otro en el pueblo". Angelelli es un santito para mí, un santo mártir.

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